Cerrar o traspasar un negocio al jubilarse
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Mucha gente cierra porque no sabe que traspasar era una opción, o porque se entera demasiado tarde para prepararlo. Merece la pena mirar las alternativas antes de dar por hecho que la persiana se baja.
No son dos opciones, son cuatro
- Cerrar: se liquida todo, se dan las bajas y se acabó.
- Traspasar a alguien de fuera: otra persona continúa el negocio y te paga por ello.
- Traspasar a quien ya está dentro: un empleado, un familiar o un socio que conoce la casa.
- Seguir siendo dueño sin trabajar: alquilar el negocio o dejarlo en manos de alguien de confianza. Es menos frecuente y tiene sus propias complicaciones, pero existe.
Qué se pierde al cerrar
Cerrar es lo más rápido y lo más previsible, y a veces es lo correcto. Pero conviene saber qué se está dejando por el camino.
Se pierde el valor de todo lo que no es maquinaria: la clientela, el nombre en el barrio, los acuerdos con proveedores, la reputación de treinta años. Nada de eso se vende al peso.
Se pierden los puestos de trabajo. Y, si el local es tuyo, pasas de tener un negocio a tener un local vacío que hay que alquilar o vender.
Cerrar también cuesta dinero y tiempo: liquidar existencias, resolver contratos, dar de baja suministros y actividad.
Qué hace falta para que traspasar sea posible
Traspasar no siempre es viable, y es mejor saberlo pronto que después de seis meses intentándolo:
- Que el negocio deje lo suficiente para que alguien viva de él.
- Que no dependa por completo de ti. Si la clientela viene por ti y solo por ti, lo que puedes traspasar es mucho menos.
- Que el local esté resuelto: en propiedad, o con un alquiler que permita continuar.
- Tiempo. Encontrar a la persona adecuada, que se decida y que aprenda el oficio no ocurre en un mes.
Los empleados
Si tienes personal, es lo primero que hay que mirar, no lo último. Cerrar y traspasar tienen consecuencias laborales muy distintas.
La transmisión de una empresa está regulada de forma específica en el Estatuto de los Trabajadores, cuyo artículo 44 se titula precisamente «La sucesión de empresa». Qué se aplica exactamente en tu caso depende de qué se transmita, así que esto hay que verlo con un asesor laboral desde el principio: condiciona el precio, los plazos y lo que puedes ofrecer.
Aquí no vale la intuición ni lo que le pasó a un conocido.
El local
Si el local es alquilado, lo que diga el contrato manda: hasta cuándo llega, cómo se actualiza la renta y qué pasa si quieres ceder el contrato a quien continúe.
La Ley de Arrendamientos Urbanos dedica su artículo 32 a la cesión del contrato y el subarriendo en los arrendamientos para uso distinto de vivienda. Cómo te afecta depende de tu contrato concreto y de cuándo se firmó, así que conviene que lo lea tu asesor antes de mover nada.
Si el local es tuyo, tienes una decisión aparte: venderlo con el negocio, alquilárselo a quien continúe o quedártelo. Son tres operaciones distintas y cambian mucho el resultado.
Jubilación y trámites
Cuándo puedes jubilarte, cuánto te queda y cómo se combina con seguir dando de alta una actividad son cuestiones que dependen de tu vida laboral concreta. La información oficial está en la Seguridad Social, y lo que se aplique a tu caso te lo tiene que confirmar allí o tu gestor.
La fiscalidad de un traspaso también depende de qué se transmite y de tu situación personal. Consúltalo con quien lleve tus cuentas antes de fijar un precio o firmar nada.
Nada de esta guía es asesoramiento fiscal, laboral ni jurídico, y no puede serlo: cada caso es distinto.
Fuentes oficiales
Cómo preparar la decisión
No hace falta decidir hoy. Hace falta tener con qué decidir:
- Pon por escrito qué deja el negocio de verdad, contando tu propio trabajo como un coste.
- Mira el contrato del local y anota la fecha en que vence.
- Habla con tu gestor de las dos vías, cerrar y traspasar, y pide que te diga qué implica cada una en tu caso.
- Si hay empleados, consulta con un asesor laboral antes de contarles nada.
- Calcula cuánto tiempo tienes. Con margen se puede elegir; con prisa, se cierra.
Y si al final cierras
Cerrar con la decisión tomada, habiendo mirado las alternativas, es muy distinto de cerrar porque se acabó el tiempo. Si has llegado a esa conclusión con los números delante, es una decisión legítima y probablemente la buena.
Lo que no compensa es cerrar sin haber mirado, que es lo que pasa más a menudo.